[CRÍTICA] Salvar al mar desde la ópera

21/02/2019
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La ciudad bajo el mar, ópera infantil con textos de Maritza Núñez y música de Nilo Velarde. Con Mariel García (Hugo), Sofía Ortiz, (Alejandra), Bettina Victorero (Alicia la bióloga, madre de Hugo), Manuel Aldana (Nico, tío de Alejandra), Lucero Zevallos (Ballenina), Fabrizio Moreno (Niño Coral), Wilson Hidalgo, (hombre sin fantasía, alcalde), Ariadna Hermoza Peralta (Delfín / Delflip), Valery Rivera (Suski), Yaleila Ávila (Octupus Timidus). Coro Nacional de Niños dirigido por Mónica Canales. Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil Bicentenario dirigida por Javier Súnico. Producción General: Jean Pierre Gamarra, Ministerio de Cultura del Perú. Escenografía y vestuario de Lorenzo Albani.

Por: Ariel Campero para Camello Parlante

 

El verano nos sorprende con novedades musicales que pasan desapercibidas para el gran público, pero cuyas cualidades estéticas y musicales no pueden ignorarse. La reposición de la ópera para niños, La ciudad bajo el mar con texto de Maritza Núñez y música de Nilo Velarde, ha vuelto a sorprender a los melómanos. Principalmente, por su mensaje como también por la asombrosa producción del equipo dirigido por Jean Pierre Gamarra, con la concepción escenográfica de Lorenzo Albani. A este gran trabajo artístico le cabe un adjetivo: es una puesta wagneriana.

Puede parecer exagerado, pero esta obra para niños tiene la grandiosidad propia de una ópera seria. A los melómanos asiduos al Gran Teatro Nacional nos asalta la tentación de pensar que la escenografía de Lorenzo Albani se adaptaría perfectamente a una versión de El oro del Rin de Richard Wagner o, tal vez, ¿por qué no soñar con El holandés errante con este mismo montaje? Talento no falta en el Perú y en la región para encarar esa aventura. El Gran Teatro Nacional pide a gritos una representación de una ópera de Wagner. Es una deuda musical pendiente desde su inauguración en 2012.

A La ciudad bajo el mar no le falta ni una pizca de grandeza. Desde el punto de vista dramático, la producción tiene el soporte de los textos de Maritza Núñez, cuyo argumento principal es el salvataje de una ciudad marina imaginaria, llamada Meriterras, habitada por niños corales frente a las costas del Perú.

El drama sucede cuando los habitantes de Meriterras están a punto de morir porque han sido atrapados por la contaminación de plásticos arrojados por los humanos desde las costas. La ciudad será salvada por la gesta quijotesca de dos hermanitos con la ayuda de un tío soñador, a quienes se suman los niños del planeta convocados por las redes sociales. La historia ambientalista se despliega con la música de Nilo Velarde, que posee un trasfondo melódico y tonal que genera en el oyente un estado de ensoñación por particular.

Velarde (Chimbote, 1964) es un compositor contemporáneo reconocido. Discípulo de los maestros Enrique Iturriaga, Seiji Asato, José Sosaya, entre otros. El público lírico lo recuerda por su ópera-ballet Akas Kas: la promesa del guerrero, estrenada en la inauguración del Gran Teatro Nacional en 2012.

En esta oportunidad, a pedido de la dirección del Coro Nacional de Niños, Velarde y Núñez expandieron los textos y la música de La ciudad bajo el mar, la cual ahora posee una mayor consistencia narrativa.

Para los melómanos, la partitura de Velarde nos recordará en ciertos pasajes a la música de Michael Nyman, y en otro momento, a la de Philip Glass. Esta ópera infantil tiene pequeñas joyas minimalistas como el aria que entona una de las protagonistas llamada Ballenina, cuya dificultad vocal nos recuerda también la complejidad de la música de la Segunda Escuela Vienesa. La conjunción de la orquesta, el coro de niños y de solistas, hacen de esta ópera infantil una muestra de la calidad de la música de los compositores contemporáneos del Perú. Una excelencia, sin embargo, bastante desconocida, que no hace justicia al talento nacional, porque todo pareciera que se reduce a la gastronomía o a los paisajes de exportación.

Buen desempeño de los solistas, entre los cuales sobresalen los niños Lucero Zevallos, Sofía Ortiz, Fabrizio Moreno y Mariel García, verdaderos héroes de la ópera, acompañados de los cantantes Bettina Victorero, Wilson Hidalgo y Manuel Aldana, sin olvidarnos de las criaturas marinas interpretadas por Ariadna Hermoza, Valery Rivera y Yaleila Ávila. Los niños solistas son el alma de la representación, junto al excelente desempeño del coro, preparado por su directora Mónica Canales, acompañados por la siempre efectiva Orquesta Juvenil del Bicentenario, dirigida en esta ocasión por Javier Súnico.

La puesta en escena transcurre en una plataforma de hierro en la cual se suceden los cuadros de la ópera. La producción aprovecha la tecnología del Gran Teatro Nacional que permite la evocación del mar con esas olas hechas con textiles, las nubes de algodón, las conchas marinas realizadas con materiales que nos recuerdan el brillo de la madre-perla. El siempre inteligente uso de la iluminación, entre otros detalles, convierten a la producción de La ciudad bajo el mar en otro acierto teatral del tándem Gamarra-Albani.

El uso de los recursos visuales no deja de sorprender a lo largo del desarrollo de la ópera, siendo el momento cumbre, la aparición de un submarino en forma de caballito de mar. Este artefacto escenográfico asombra al público por su tamaño, pero por sobre todo, por la verosimilitud de sus materiales. Aquí merece un reconocimiento especial el equipo de artesanos y técnicos del Gran Teatro Nacional, porque su labor realmente transporta al público al mundo mágico del fondo marino con gran efectividad teatral.

Otro elemento que merece señalarse es el vestuario actual, pero original diseñado por Albani, el cual se caracteriza por su exactitud y por señalar la naturaleza de cada personaje. El uso de los colores y de materiales reciclables en la fabricación de trajes de buzo, o en los disfraces de animales marinos, es otro aporte al disfrute escénico por el público.

Sin embargo, tal como nos tiene acostumbrados Gamarra al presentarnos su concepción dramática, el regista no se agota en la elaboración de las imágenes. La producción posee un trabajo actoral en la que se alternan ciertos gags o guiños de crítica social, muy bien articulados. Pienso que todos los presentes, y el público infantil, identificamos al instante al oportunista alcalde de casco amarillo, acompañado por su séquito de funcionarios adulones.

Entre ellos sobresale la caracterización de Wilson Hidalgo, como la perfecta personificación de esa burocracia ciega, cuya apariencia evoca a varios personajes de la actualidad, tal como un exmagistrado fugado o un fiscal general bastante cuestionado.

En suma, con la reposición de La ciudad bajo el mar, podríamos decir que la sociedad entre los Elencos Nacionales y el equipo Jean Pierre Gamarra–Lorenzo Albani es una garantía de disfrute y de audacias teatrales. Y no sólo para los niños, sino también para los adultos, porque cada producción de este tándem nos ha dejado un mensaje profundo sobre los peligros y los problemas de nuestro tiempo. Sin dudas, la contaminación de los mares es un tema recurrente en la vida de los ciudadanos peruanos cuya concienciación toma otro impulso gracias a esta obra musical digna de admiración.

Las funciones continúan sábados y domingos hasta el 24 de febrero a las 17:30 horas en el Gran Teatro Nacional.

Extraído de Camello Parlante.
Visita: https://www.camelloparlante.com/2019/02/17/critica-salvar-al-mar-desde-la-opera/